miércoles, abril 20, 2016

La sociedad siempre mira para otro lado


La sociedad siempre mira para otro lado

Carlos Climent

El encubrir los crímenes cuando están perpetrados por los poderosos no es nada nuevo. Es una tradición que ha persistido a través de los siglos. “El sistema” protege al depredador por las mismas razones de siempre:

*El miedo a las retaliaciones.
*El considerar las ofertas chantajistas como más importantes que el respeto por el derecho del más débil.
*La falta de principios, la pasión por la comodidad y la condición egoísta.
*La humillación como sistema de vida.
*Todo, para alinearse con el que ostenta el poder.
Entre más tiempo pasan como rehenes de tan denigrantes circunstancias, mayor es la desesperanza, más honda es la impotencia, más profunda es la desmoralización y más lejos se ven las posibilidades de oponerse a las fuerzas omnipotentes de la manipulación. Las amenazantes circunstancias descritas van llevando a las víctimas a la aceptación del abuso.
Mientras el resto del mundo, simplemente calla y mira para otro lado.
La historia de los sacerdotes pedófilos, presentada con maestría en la película mencionada, es un caso entre muchos más en el que la sociedad supo de conductas perversas y calló.
Auschwitz es otro ejemplo de la aberración. Los depredadores, una vez muerto su líder, protegidos con nuevas identidades, huyeron a otros países y protegidos por “el sistema”, lograron pasar inadvertidos como miembros de pequeñas comunidades. Todo el mundo sabía de la existencia del campo de concentración, pero tuvieron que pasar 20 años para que se hiciera público.
El caso individual más sonado de tiempos recientes (descrito la semana pasada en este mismo espacio) del violador de niñas protegido por la BBC, se acompañó por muchos años por el silencio de la sociedad que lo sabía y no musitó palabra.
En cada caso la revelación que llevó a que se hiciera justicia, así fuera tarde, fue el valor de unos pocos que un buen día decidieron enfrentarse a la hipocresía de las grandes mayorías.
En el caso de los clérigos abusadores, fue un grupo de periodistas comprometidos que destapó la violación de millares de niños. El caso de los crímenes nazis fue la labor de un hombre valiente que en solitario inició el proceso. Y en el caso del rey de la farándula inglesa, fueron unas pocas víctimas las que empezaron a hablar.
Una vez que la denuncia se hace pública con claridad y vigor, las víctimas salen de la humillación del anonimato silencioso y relatan sin inhibiciones sus espantosas historias. De esa forma, la verdad queda al descubierto y se convierte en una fuerza incontenible que anima a otros a revelar sus secretos. Entonces comienza la avalancha que obligará a la justicia a operar y a la sociedad a no seguir mirando para otro lado.
Ese despertar es el que se necesita en Colombia para llegar al fondo perverso que sigue protegiendo a los autores del maltrato infantil no pocas veces enquistados en la intimidad de la familia y camuflados por un sistema negligente y no pocas veces corrupto

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