domingo, julio 10, 2016

Un país, por Richard Webb


“El balance es el de un país que ha hecho poco para comprometerse con la seguridad colectiva”.


Un país, por Richard Webb
Richard Webb
La seguridad social es una de las bases de cualquier país que aspira a ser una nación. Sentirse acogido, apoyado, asegurado ante las eventualidades comunes de la vida es una función primordial de la familia nuclear y, de igual manera, de la gran familia: la nación. La seguridad de ese apoyo, creo, es condición necesaria para el desprendimiento, la lealtad, el sacrificio personal; en efecto, la cooperación que sustenta cualquier colectivo.
En el Perú nunca ha existido la seguridad social universal. Se han creado diversos mecanismos de protección pero de una u otra manera estos se han limitado solo a algunos. Su característica común: la segmentación y la exclusión.
Las diferencias étnicas ya no sustentan una estructura formal de relaciones sociales pero los pretextos prácticos han servido el mismo objetivo. Hemos sido y seguimos siendo habitantes de una misma casa, pero no hemos cumplido con un requisito esencial para ser una familia: aceptar la responsabilidad del socorro mutuo no solo ante el peruano visible, porque se encuentra cerca, o porque ha podido cumplir con requisitos formales de registro y documentación, sino ante todo ciudadano sin importar su ubicación o grado de formalización. La segmentación de los derechos a la seguridad es particularmente clara en el caso de necesidades fundamentales para el bienestar como la salud y el auxilio en la vejez.
La segmentación y limitación de la atención de salud también es notoria. Si bien la responsabilidad del Ministerio de Salud siempre ha sido universal, el acceso a esa atención ha sido severamente limitada por las distancias, por la renuencia a suplir el presupuesto necesario para una cobertura verdaderamente universal, y por la desigualdad en esa cobertura, creada por el poder político y mediático que produce la cercanía. A esas causas de segmentación se suma la discriminación, que si bien no se formula a nivel formal, aún persiste en las actitudes de personas encargadas de la atención de salud. El objetivo de la atención universal en salud ha sido impulsado por la creación del SIS, que ha avanzado sustancialmente durante la última década, pero el derecho a la atención gratuita sigue quedando en el papel debido a las distancias y severas limitaciones presupuestales de los centros de atención.
El socorro universal de la vejez es relativamente nuevo y aun más limitado, y ha existido en el pasado solamente en la forma de caridad personal o de ciertas asociaciones mayormente urbanas. El subsidio estatal de Pensión 65 constituye una innovación reciente y su cobertura ha sido amplia entre la población más pobre. Sin embargo, el reducido monto del subsidio, de 125 soles mensuales, limita el auxilio a grupos de extrema pobreza, básicamente rurales, por lo que constituye un apoyo particularmente bien focalizado, pero también segmentado en su relevancia. El instrumento concebido para la vejez urbana, la pensión, no es, propiamente, un socorro sino una imposición de autoayuda forzada a través del trabajo formal, mecanismo que también tiene un efecto segmentado dada la gran presencia del trabajo no registrado en planillas.
El balance es el de un país que ha hecho poco para comprometerse con la seguridad colectiva, y que lo que sí ha hecho ha tenido un carácter tan segmentado que termina dividiéndonos.

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