viernes, octubre 24, 2014

El momento mas temido


Ebola en New York

La peor situación, la más temida, se hizo este jueves realidad: un contagio de ébola en Nueva York, la ciudad más poblada de Estados Unidos con 8,3 millones de habitantes. Las autoridades tienen ahora dos enemigos que combatir: el virus y el miedo de la población. No está claro cuál de ellos es más peligroso. La prueba comienza este viernes, cuando millones de ciudadanos tomarán el Metro –se calcula que un día laborable circulan por el suburbano hasta seis millones de viajeros– y acudirán a su puesto de trabajo pendientes del estado de salud del doctor Craig Spencer y de las personas que estuvieron en contacto con él.
Desde el Gobernador Andrew Cuomo hasta el alcalde Bill de Blasio, pasando por todos los especialistas médicos, no ha habido una sola autoridad política o científica que no haya repetido hasta la extenuación que las posibilidades de contagio son mínimas, que el ébola no se transmite por el aire, que sólo el contacto con los fluidos de un paciente sintomático posibilita las transmisión de la enfermedad, y que los departamentos de salud de la ciudad, del Estado y del país entero están preparados para afrontar un desafío inédito.
La primera y complicada tarea de las autoridades sanitarias es localizar a todas las personas que hayan podido estar expuestas al contagio del médico. Dado que sus síntomas se presentaron el jueves, y que él mismo dio la voz de alarma por tratarse de un profesional médico que ha tratado con el virus, los expertos consideran que la cifra no será muy alta. En cualquier caso, se trata de una situación que requiere una logística inhabitual. Las autoridades están investigando las tarjetas de crédito del médico y el abono magnético del Metro para conocer todos sus movimientos.
Lo recordó el Gobernador Cuomo el pasado martes ante miles de trabajadores sanitarios en Nueva York: “Sois el frente de esta nueva guerra. No es la primera vez que tenemos un desafío como este. Recuerdo la crisis del ántrax, el sida en los 80, el ébola en 1976… No entendíamos qué eran, no sabíamos nada… Pero aprendimos y luchamos. Me siento orgulloso de ser el Gobernador de Nueva York porque en Nueva York hay neoyorquinos. Somos duros, tenemos coraje, compasión, creemos en la unidad. Cuando hay que dar un paso adelante, lo damos; cuando hay una crisis, como en el 11-S, respondemos. Así somos nosotros. Nadie se une como nosotros”.
Las autoridades llevaban semanas preparándose ante la inminencia de un caso de infección de ébola 
Sus palabras ahora tendrán que convertirse en realidad. Para ello, miles de profesionales recibieron allí formación sobres las últimas medidas preventivas contra la enfermedad dictadas por el Centro de Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. La concentración tuvo por objetivo calmar la ansiedad de los médicos y trabajadores sanitarios.
Como este jueves recalcó el alcalde De Blasio, la ciudad y las autoridades del Estado llevan semanas preparándose para lo peor. “El ébola es fuerte dentro de nosotros, pero muy débil fuera. La mejor manera de combatirlo es práctica, práctica y práctica. Sólo con la práctica conseguiremos evitar lo que sucedió en Dallas”, dijo el martes Mary Travis Basset, del Departamento de Salud de Nueva York, después de que los sanitarios conocieran con detalle todos los protocolos de actuación que les afectan directamente. Fue el último capítulo de una serie de medidas puestas en marcha con gran aparato comunicativo para intentar calmar a la población.
Las primeras obligaciones fueron establecidas en los aeropuertos. El John F. Kennedy de Nueva York comenzó el sábado 11 de octubre a realizar controles a pasajeros procedentes de Sierra Leona, Liberia y Guinea, los tres países más afectados por la epidemia de ébola, para averiguar si habían estado en contacto con la enfermedad.
El aeródromo de Nueva York fue el primero de los cinco que comenzaron a aplicar controles. Después les llegó el turno a Newark, Washington, Chicago y Atlanta. Se calcula que 150 pasajeros diarios de media llegan a Estados Unidos procedentes de África Occidental. El 94% lo hace a través de los cinco aeródromos citados. De ellos, el 43% aterriza en Nueva York y el 22%, en Washington. “No importa qué medidas adoptemos. El riesgo cero es imposible. Sin embargo, estos controles dan más tranquilidad a los ciudadanos”, declaró Martin Cetron, director de migraciones y cuarentenas del CDC .
Días después llegó una nueva vuelta de tuerca. El Estado de Nueva York, convencido de que iba a tener que afrontar un caso de ébola por ser el que mayor número de viajeros extranjeros recibe de todo el país, ordenó que se realizaran simulacros inesperados de respuesta rápida a casos de contagio en centros de transporte masivos, como el Metro de la ciudad de Nueva York, y en los campus universitarios del Estado.
Asimismo, el Gobernador Cuomo designó ocho hospitales de referencia para atender a contagiados. Cuatro de ellos están en la ciudad de Nueva York (Mount Sinai, New York Presbyterian, Bellevue y Montefiore) y el resto en otros lugares del Estado (North Shore/LIJ Health System en el condado de Nassau, Upstate University Hospital en Siracusa, University of Rochester Medical en la ciudad del mismo nombre y Stony Brook University Hospital en Long Island). “Estamos operando bajo el convencimiento de que de una manera u otra tendremos que enfrentarnos al ébola”, declaró un premonitorio Cuomo.

Durante esos días estuvo presente la petición al presidente Obama por parte de varios representantes políticos demócratas y republicanos para que cerrara la entrada al país de las personas procedentes del África Occidental. Obama respondió que los expertos consideran que es una medida inútil que perjudicaría la lucha contra la enfermedad sobre el terreno.

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