Las personas que se engañan a sí mismas engañan mejor a los demás
Un estudio muestra que
las personas que se valoran mejor a sí mismas reciben una mayor
valoración de los demás, independientemente de su capacidad real
En la naturaleza, el engaño está por todas partes. Algunos peces sol
macho han desarrollado la capacidad de crecer solo hasta el tamaño de
las hembras para poder acercarse a sus huevos sin que ellas u otros
machos se percaten y fecundarlos. Las pieles de otros animales, que les
permiten confundirse con su entorno, también han evolucionado para
engañar a los enemigos. Resulta más llamativo que muchas veces las
víctimas del engaño es el mismo individuo que lo ejecuta. Numerosos
estudios han mostrado que los seres humanos tenemos dificultades para evaluar nuestras propias capacidades y,
desde hace tiempo, los investigadores tratan de comprender qué ventajas
puede ofrecer este rasgo aparentemente negativo para haber sobrevivido a
la presión selectiva de la evolución.
III EN ESTA NOTICIA
Para comprobar su hipótesis, los autores tomaron un grupo de estudiantes al principio de un curso universitario. Estos individuos se reunían para un curso de tutoría antes de comenzar las clases. En ese entorno, estas personas que no se conocían entre ellas interactuaban libremente y se formaban su opinión sobre la capacidad de los demás en la asignatura. Después, se les pidió que evaluasen a los demás, dando una nota y una posición en un ranking de alumnos de la clase y que hiciesen lo mismo con su propio rendimiento.
La autoconfianza hace confiar en los demás
Los investigadores observaron que los individuos que se pusieron una nota más elevada a sí mismos también recibieron una valoración superior de los demás, independientemente de su rendimiento real. En este sentido, los autores vieron una importante correlación entre los niveles de autoengaño y la capacidad para engañar a los demás. Otro efecto detectado en el estudio es que la gente con exceso de confianza también tendió a evaluar con mayor generosidad al resto de participantes mientras las personas que se valoraban a sí mismas por debajo de su rendimiento real también calificaron peor a los otros. Es llamativo también que cuando el experimento se repitió seis semanas más tarde, cuando los alumnos se conocían mejor entre sí, la correlación entre el autoengaño y el engaño a los demás permanecía presente. Por sexos, las mujeres, que suelen tener menos tendencia que los hombres al exceso de confianza, también obtuvieron mejores notas de los demás cuando se sobrevaloraron.En opinión de los autores, este tipo de estudios tienen implicaciones para muchos tipos de interacciones sociales como la elección de pareja o la contratación de personas, en los que es posible que se esté premiando el exceso de confianza y penalizando su defecto independientemente de la capacidad del individuo. “Desde las interacciones más pequeñas a las instituciones que construimos, el autoengaño puede desempeñar un papel profundo modelando el mundo en que vivimos”, concluyen. Y proponen que se desarrollen sistemas para incrementar la objetividad de las evaluaciones para puestos como las instituciones educativas o los bancos
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